El problema no es problema

Mi problema es que soy muy obsesiva y a veces en mi obsesión dejo de lado miles de cosas.

Mi problema es querer tener todas las respuestas a cosas que quizá ni siquiera sean preguntas.

Mi problema es dar todo el corazón sin pensar fijarme si me van a lastimar o algo.

Mi problema es asumir, en vez de preguntar.

Mi problema es el miedo. El miedo a las respuestas, oooohquela, sí, quiero saber pero me da miedo la respuesta porque siento que todo lo hice mal, que es mi culpa, que fallé, que traicioné, que herí a quienes quiero y lo peor, sin darme cuenta.

Mi problema es qué hay cosas que hice, que dije, que incluso están en video, pero no me acuerdo. Y eso me asusta.

Mi problema es el stress y la caída del cabello.

Mi problema es que no puedo encerrarme en mis pensamientos y dejar de contestar mensajes en el celular porque la gente “se siente” pero ¿cuando me han llamado para decirme “¿cómo estás?”? Pocas, muy pocas. Contadas con los dedos de una mano.

Y sí tengo ganas de encerrarme en el armario varios días, mi problema es que tengo obligaciones, pero ya me siento a nada de soltarlas.

Mi problema es pensar que el mundo estaría mejor sin mi, pensar qué tal vez si yo no hubiera nacido la vida de la gente cercana a mi sería mejor y la de los no Yam cercanos seguiría exactamente igual.

Me gustaría ser como toda esa gente fuerte que no les importa el qué dirán, el qué pena, qué miedo, qué oso y crecer, crecer hasta donde yo quiera.

Porque me sigo sintiendo chiquita y sin valor.

Y me dicen que deje de llorar, como si a mi no se me hubiera ocurrido antes.

Y pues… ya. Para colmo, mi maléfica mente piensa que ya los aburrí, que ya los fastidié.

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Historias de Terror presenta: El Unfriend #RetoBlog

Hoy en la mañana me pusieron este tema y en lo personal es algo espinoso para mí pues lo he vivido en carne propia con personas a quienes consideraba muy queridas, les lloré más que a mí gran amor… Bueno, no tanto, pero sí. 

Y es que en esta vida nada es eterno, tampoco las amistades. Afortunadamente cuento con la bendición de tener amigos a quienes conozco de toda la vida y pues básicamente ya son familia y luego está la gente que va llegando con motivo del trabajo, de la universidad, de los hobbies, de las redes sociales. 

Hoy en día, en nuestro egocentrismo donde queremos que todo nos aplaudan, que a todo nos den “like”, pues cuando alguien no lo hace sentimos que no le importamos, que estamos distanciados, que seguro me tiene envidia o ya se enojó por algo ¿a poco no? 


Pero yo crecí en los ochenta, donde no había internet, ni control remoto, ni computadoras en casa ni teléfonos celulares, donde si queremos hablar con alguien pues le marcamos, si queremos ver a alguien, pues lo vemos, si queremos que alguien forme parte de nuestra vida, pues lo invitamos a nuestros festejos… Lamentablemente hay gente que no lo ve así. 

Y es que cuando no hay cosas en común es más difícil mantener la amistad, se va diluyendo hasta ser un par de desconocidos, dejarnos de ver, dejarnos de hablar y después darle click al botón “unfriend” pues es el final. A veces ni cuenta nos damos en meses, otras veces (como fue mi caso) todo fue de golpe y jamás supe que hice o qué no hice, lo que me quedó bien claro es que esa persona no me quería más en su vida y como la quiero, respeto su decisión. Aunque, mi TOC hubiera agradecido una explicación, el psiquiatra me tiró de a loca y me dijo: “YAAA NEEEEXT” 

Así que pues, las amistades hoy considero que son como los nuevos electrodomésticos, tienen fecha de caducidad y las que no, es que están hechas de un mejor material.