El problema no es problema

Mi problema es que soy muy obsesiva y a veces en mi obsesión dejo de lado miles de cosas.

Mi problema es querer tener todas las respuestas a cosas que quizá ni siquiera sean preguntas.

Mi problema es dar todo el corazón sin pensar fijarme si me van a lastimar o algo.

Mi problema es asumir, en vez de preguntar.

Mi problema es el miedo. El miedo a las respuestas, oooohquela, sí, quiero saber pero me da miedo la respuesta porque siento que todo lo hice mal, que es mi culpa, que fallé, que traicioné, que herí a quienes quiero y lo peor, sin darme cuenta.

Mi problema es qué hay cosas que hice, que dije, que incluso están en video, pero no me acuerdo. Y eso me asusta.

Mi problema es el stress y la caída del cabello.

Mi problema es que no puedo encerrarme en mis pensamientos y dejar de contestar mensajes en el celular porque la gente “se siente” pero ¿cuando me han llamado para decirme “¿cómo estás?”? Pocas, muy pocas. Contadas con los dedos de una mano.

Y sí tengo ganas de encerrarme en el armario varios días, mi problema es que tengo obligaciones, pero ya me siento a nada de soltarlas.

Mi problema es pensar que el mundo estaría mejor sin mi, pensar qué tal vez si yo no hubiera nacido la vida de la gente cercana a mi sería mejor y la de los no Yam cercanos seguiría exactamente igual.

Me gustaría ser como toda esa gente fuerte que no les importa el qué dirán, el qué pena, qué miedo, qué oso y crecer, crecer hasta donde yo quiera.

Porque me sigo sintiendo chiquita y sin valor.

Y me dicen que deje de llorar, como si a mi no se me hubiera ocurrido antes.

Y pues… ya. Para colmo, mi maléfica mente piensa que ya los aburrí, que ya los fastidié.

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Hablemos de la Depresión

Saquen sus pañuelos

Naaaaah ¡mentira!

Les quiero hablar de la depresión desde el lado de una persona depresiva, sí, de esas que cada media hora tenemos que recordar las cosas buenas para evitar caer (nuevamente) en un pozo profundo y negro de desesperanza y desolación aparentemente sin razón alguna.

Y es que aceptar que estás enferma no es fácil, simplemente piensas que es flojera, que tu carácter cambió, que te volviste amargada por tantas cosas feas que te han pasado en la vida, algunas veces pensé ¿y si es berrinche tipo de niño de dos años lo que estoy haciendo?

Es difícil pedir ayuda, es difícil bajar el orgullo y decir "no entiendo qué me pasa" y mucho más difícil contarle a un doctor sin sentir que le haces perder su tiempo en algo que tal vez no es nada.

Llevo varios años en tratamiento y a veces no veo una salida. Por mi profesión me he reencontrado con amigos de mi infancia que recuerdan a una Nancy que ya no soy yo, amorosa, detallista, que se sabía mil chistes, el alma de la fiesta, la popular, la que tal vez pondría su academia de baile y para estas alturas ya tendría publicados varios libros de cuentos y poemas.

Pero no. Me enfermé de algo que llamo el "Mata sueños" y que por no pedir ayuda a tiempo se apoderó tan fuerte de mi que me está costando trabajo salir de ello.

Le comentaba a Pao que hace muchos años no deseo algo con toda el alma, que nada me emociona ni me motiva, ya ni siquiera las vacaciones. El camino se hace pesado y largo.

¿Que cómo me veo en cinco años?

Esa es una pregunta muy difícil para alguien con depresión, primero déjame llegar a la siguiente semana y ya luego vemos.